13 de julio de 2015

Nos decidimos a escribir este artículo a partir de las recientes publicaciones del Diario 2001, en cuanto a la identidad de género de uno de los hijos de Brad Pitt y Angelina Jolie, utilizando un lenguaje soez, brutalmente grotesco y definitivamente poco ético, así como una nota del diario El Universal donde califican de falta de sentido común de los legisladores que buscan proteger a las familias conformadas por parejas del mismo sexo a través de la institución civil del matrimonio (acusándolos de conducir al país a un despeñadero y al caos), y finalmente otra publicación de El Universal donde un profesor de la UCAB se refiere a la paridad de género en las parlamentarias venideras y califica de una moda la homosexualidad que extinguirá de una vez la reproducción humana.

El racismo, según la UNESCO, se refiere a cuando un grupo étnico o colectividad histórica domina, excluye o intenta eliminar a otro alegando diferencias que considera hereditarias e inalienables. Los fundamentos históricos del racismo se pasean desde lo religioso (sistemas de creencias), lo económico-social (esclavitud, mano de obra barata) y lo científico (supremacía de la raza blanca), pero es preciso aclarar que este fenómeno se fundamenta en la discriminación como una lucha por el ejercicio del poder de unas personas sobre otras y que en la práctica se ejerce a través de la exclusión, en oposición al principio de igualdad y al concepto de inclusión, propio de la democracia.

Pero el racismo no es exclusivo de regímenes totalitarios, en sistemas aparentemente democráticos también se practica el racismo a través de normas y leyes, así como de acciones y omisiones (racismo institucional). Hoy día sabemos que la raza no existe, pero el racismo persiste y se manifiesta de formas visibles como el prejuicio, la segregación y la discriminación en todas las sociedades (racismo popular o desde las bases) y ambos racismos -institucional y popular- se retroalimentan potencializando los problemas que producen por sí solos.

En todos los espacios en los que tenemos voz hemos recalcado la importancia inexorable que tienen los medios de comunicación social masivos como la prensa, la televisión y la radio para introducir a su audiencia el valor del respeto, como elemento fundamental en la construcción de ciudadanías de libertad, paz y amor para una convivencia armoniosa y sana, en inclusión plena, justa y equitativa. No podemos subestimar el poder de los medios en la construcción del conocimiento y creencias de los individuos como receptores no pasivos frente a la configuración de la realidad del mundo que ofrecen a la mente de la audiencia, quienes se desenvolverán de acuerdo al conocimiento que de él tengan.

El comunicador social como servidor público debe ser humanista, un apasionado del bien común, dejando a un lado los intereses personales de cualquier tipo, lo que lo hace un agente transformador llevando información veraz oportuna y lo más objetivamente posible, para lo cual es apremiante ser acucioso de la investigación. En este contexto las líneas editoriales no deben ser excluyentes, ni promover hegemonías desmontadas desde la ciencia y la investigación, deben avanzar progresivamente para sustentar a sus audiencias en la medida en que los cambios socio-culturales se van haciendo presentes. Le deben respeto a sus audiencias y ese respeto solo se hace palpable en la medida en que no obvien, censuren o manipulen según prejuicios la información que brindan, en la medida en que no promuevan la violencia psicológica y física hacia personas o grupos de personas en categorías vulnerables como lo es el caso de la población de gays, lesbianas, transgéneros, transexuales e intersexuales (LGBTI o sexodiversa).

La libertad de expresión y el liberalismo comunicacional se confunden pues tienen brechas de separación casi imperceptibles. El debate y la reflexión debe promoverse desde un discurso conciliador fundamentado en el conocimiento y no en las percepciones individuales.

Las fobias hacia las personas de la diversidad sexual, entendidas las fobias como enfermedades psicosociales de corte racista se promueven desde los distintos medios de comunicación social venezolanos en distintas formas todas con igual grado de perversidad:

La exclusión en la noticia como método de invisibilización y negacionismo

Los valores informativos de los periodistas tienden a excluirnos, reproduciendo a conveniencias los intereses de los grupos de poder dominantes y opresores. Si bien, dentro del Sistema Educativo no existimos, la poca frecuencia con que los medios reseñan las luchas emprendidas por la población LGBTI habla de una necesidad de negar a través de la invisibilización nuestra existencia y con ello nuestras demandas. Medios como el diario El Universal y el canal de televisión Venevisión practican la exclusión de los sucesos, hechos y novedades que acontecen en el país respecto de las luchas que emprendemos los movimientos sociales en pro de la emancipación de las sexualidades humanas del control irrestricto del Estado. Impidiendo el acceso oportuno a la población de la información pertinente en el proceso de concientización y sensibilización de la sociedad.

Estigmatización y manejo de la información estereotipada

Canales de Televisión como Venevisión y Televen mantienen en sus parrillas programas de “humor” que contribuyen a la desinformación y comprensión de la amplitud de las sexualidades humanas más allá de la genitalidad y de las relaciones sexuales procreativas, sin establecer claras diferencias entre las orientaciones sexuales, identidades de género y expresiones de género para sostener la imagen estereotipada de la homosexualidad masculina donde se inferioriza la dignidad de seres humanos en detrimento de lo femenino, a través de personajes con expresiones de géneros no acordes con el sistema heteropatriarcal, promoviendo la burla y en consecuencia el odio y la discriminación.

Novelas con personajes homosexuales masculinos que existen a partir de las necesidades de otros personajes como elementos supeditados, esclavizados a la existencia de otro. Marginados en ciertas profesiones, categorizándonos como peluqueros chismosos, mejores amigos, desconociendo la transversalización en todos los niveles socioculturales y profesionales donde nos desenvolvemos en la realidad como médicos, obreros, docentes, abogados, etc y que conformamos familias con hijos adoptivos o biológicos de uno o ambos miembros de la pareja.

Relación forzada entre sexualidades contrahegemónicas y delito

Somos agentes principales de noticia, una vez que seamos sospechosos o se nos acuse de un acto negativo, con titulares como “Joven homosexual acusado de homicidio” o “Tiroteo en fiesta de Patos” desenmascarando el prejuicio evidente hacia los y las homosexuales. En este caso somos noticia una vez más, reproduciendo a conveniencias los intereses de los grupos de poder profundizando el estigma y la segregación.

Es por ello que hacemos un llamado a los medios y a los periodistas y columnistas que hacen vida en ellos sobre el análisis crítico del lenguaje periodístico. Creemos que es posible transformar el panorama informativo, deconstruyendo miedos, racismo y discriminación desde la práctica periodística cotidiana. Solo se requiere de conciencia ciudadana del rol protagónico que ejercen, información precisa con datos provenientes de voces autorizadas, ética, profesionalismo y sensibilidad humana.

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Publicado por Venezuela Igualitaria El 13 de julio de 2015 Sin comentarios

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